Descripción
Imagínate lo siguiente:
Fuera está nevando, te adentras en una sala con luz de velas. Te doy la bienvenida con tu bebida caliente favorita, y encuentras una cómoda butaca junto al fuego.
En las estanterías llenas de libros ves ramas de abeto y piñas olorosas. Otras mujeres empiezan a sentarse también, te sonríen y saludan con la cabeza. Y cuando hay silencio, comienza la historia.
¿Y qué historia merece ser narrada ahora? La del Invierno.
La de Amaterasu, la diosa-sol japonesa, que necesariamente tiene que enfrentarse a la cueva.
La del viaje de Beiwe y su hija Neia, y porqué se ponía mantequilla en las puertas y se sacrificaba una hembra de reno blanca.
O la historia del Hogmanay escocés y porqué el solsticio de invierno está vinculado poderosamente al regalo.
Saturnalias, Brumalias, Yuletide: todas estas tradiciones nos cuentan algo escondido bajo la superficie. Algo que no nos han contado, ahí es donde cobra sentido el banquete, las velas, los presentes.
Y también recuperan significado la oscuridad y la época de recogimiento. Y cuando se desvela, es fácil entender porqué te cansan tanto ahora las luces demasiado brillantes, las masas de gente y el ruido exagerado.
El asunto es este: las tradiciones no se imponen en una época determinada a nuestra decisión. Es justo al revés. Son el alma primordial de la tierra y sus ciclos los que nos dan ese sentido. Sólo hay que escuchar.
¿Las historias? Por supuesto. Pero sobre todo, cómo las historias resuenan en lo verdadero que hay en ti.
Y vale, no va a haber taza física, porque el ritual va a ser online ¡pero eres igual de bienvenida!
